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martes, 29 de marzo de 2011

Teofanía





El agua en nupcias con el cielo
arrastra su velo azul grisado;
unas aves negras, pequeñas,
solitarias,
emigran hacia un horizonte
más condescendiente.
Sobre la playa una botella blanca
encierra la bruma de algún cuento,
Un recuerdo, una presencia ausente,
como la muerte.
Entonces me pregunto:
¿Quién cortó el paisaje con
el hielo de las nubes?
¿Quién quebró su voz entre
las ramas deshojadas?
¿Quién calla el ruido del verano
como si tratara de apagar al mar?
¿Y las risas de los niños,
y el susurro del agua,
y tus pies pequeños mecidos
por el aire,
y tus ojos tanteando el camino
de regreso?
Y ya llueve…
Y entre el blanco y el negro
se esfuma ésta boda de silencio.
Ya no embriaga el viento
como antes,
ni un torrente de ecos dispersa
el vacío de mis deshechos sueños.
Sobre el lento papel de ésta carta
con el arabesco de mi pluma
te estoy diciendo adiós,
-y es causa justa-
que mi alma
cansada de extrañarte
vacile, peregrina, y se empeñe
en fugar hacia nuevas
flores amarillas. 


martes, 22 de marzo de 2011

es marzo


Es marzo y hay humo en las veredas.
Más  fuegos secan las hojas tibias.
Las nubes doradas llevan tu nombre,
se me ocurre que van sin rumbo cierto.
Se escucha a lo lejos el silbido del tren
como un llamado del más allá.
El sol ha dejado de comprometerse
a iluminarnos siempre,
porque todo tiene un límite.
La tarde muerta cae sobre le patio
entre los fantasmas de las rejas.
Avanza la noche suave,
como una balada que acuna
el dolor del ciprés
y el aroma de la madreselva.
Aun queda un poco de la sangre
del estío que madura la vid
y el púrpura incendia la pasión
del horizonte.
Entonces es otoño…
Y sus secretos son reconocidos
por los solitarios,
los verdaderos desamparados;
esos seres que pasan inadvertidos
para casi todos,
y que, si fueran llamados
por su verdadero nombre
morirían a manos de su
esperanza marchita.
Mejor no nombrarlos.
Es tan simple el amor
y tan escueto…
En la desnudez de una noche
se quiebra su mandala,
y creemos haber descubierto
el secreto de todas las visiones,
y creemos poseer la alegría
de todas las lluvias.
Es tan simple y tan escueto…
mas en las calles vacías
queda flotando el último
vocablo dicho: una resaca,
una señal, un cadáver a plena luz,
un insomne, una cuerda,
un suicida,
un precipicio.

miércoles, 9 de marzo de 2011

un pájaro


Cayó en cascadas el amor
respirando poemas.
Ardió en un patio prohibido
rodeado de lajas taciturnas.
Voló las arenas de playas,
dónde brujos y notarios
construían palacios o celdas
con las mismas palmas pulidas.
Se exilió, por algún tiempo, en
Infiernos con sellos de bautista.
Merodeó los ojos de ese rostro
iluminándolo con intermitencia,
y él también creyó que era luz.
Se acunó en las pestañas anochecidas
de la joven que lo soñaba.
Enhebró pupilas negras como pozos
para rezar cientos de rosarios.
Bebió hasta saciarse, enloquecido,
en el vórtice de la última inocencia.
Con el soplo festivo de su risa
araño el tesoro de un corazón
y prometió eternidad.
Pero no bastó…
De todos modos el ángel gris
lo hizo añicos.
Y aulló  en el amanecer
             en el crepúsculo
             en la noche
atravesado por las espadas
del hábito.
Y comenzó a correr por la tierra
esquivando las piedras,
los lobos,
los mendigos,
el tedio,
la tristeza,
la obsesión
y la muerte.

Acaso el amor sea un pájaro,
o en las lindes de la felicidad
se vuelva pájaro incierto,
acorralado,
que un día…
un buen día…
decide convertirse
en la inmutable arena del silencio
entre cigarrillos y cenizas. 

jueves, 17 de febrero de 2011

otro cisne





Sobre el oscuro banco de almendro,
donde alguna vez
juraron dos amantes
ha muerto un hombre,
herido de amor y de miseria.
Desde el blanco y el negro
de las letras
cuentan que sus sueños
se escaparon
en imposible visión
como un pájaro lento.

Un desconocido más
que huele a restos de incienso
y a un blasfemo amén
que no cumplió
su redentora promesa.
Uno más que no tuvo
dónde asirse
expulsado de las nupcias
con el cielo.
Uno más,
con las venas secas,
y pálidas
yéndose
hacia la sutil
fragancia del abismo.

Estéril salario de los mártires,
que corren por túneles
sembrados de garras
invisibles,
sin ropa y sin aura,
que nacieron sin beatitud
ni condescendencia;
porque hasta los dioses
necesitan
desatar sus vientos,
mintiéndonos.

domingo, 6 de febrero de 2011

ese anciano


En cada uno de sus días
hay un hueco,
una trampa que oscurece
al sol.
Un café negro de gaviotas,
un cielo fugitivo.
En el fondo lejano
ha visto los cristales
de octubre
con su trémula realidad,
y el salto de los ases
de luna
sin luna
herrumbrando los pasos del misterio
sin temerle al delirio
ni a la muerte.
Ya no se emociona con el llanto
ni goza con el amor
ni huele ese aire dulzón
de las primaveras.
Su piel transparenta,
algunos músculos
y las venas no están tensas.
Ya no le hiere el día
con ostentosos gestos
ni su voz miente rebeldías.
Casi nadie lo ve,
sólo los entrenados.
La mortaja se preludia
entre salmos siseados.
No lo sorprende, ya,
el espanto del desamparo.
Enhebra sus horas con palabras
y silencios
con idéntica puntada.
El hastío es un amigo cercano,
casi íntimo.
Su futuro es un huérfano pálido
que solloza inaudible.
Y mira sin más luz…

Y se promete que mañana,
mañana mismo,
abrirá la puerta de su cuarto
para irse caminando
por ese parque tan verde
tan azul
tan blanco,
que tantas veces ha soñado.

martes, 14 de diciembre de 2010

dolor dulce


Nos hemos amado, nos hemos herido,
es el escalofrío de los amores
ardientes,
cargando la hora de las mieles,
que son encendidas saetas  
cuando llega el tiempo de las hieles.
Es tan alta la mirada
de la piedad,
cuando el sol arde en los
ojos
encegueciéndonos,
que no necesito a otro
que no sea mi amor
para arriesgarte, sumergido
en la potestad de la razón;
destino obstinado que persigue
la claridad ajena
para convertirla en trampa,
dónde no se vacila.
Luego sobreviene el silencio
atronador,
sobre el que se funda
la tristeza.
Nos refugiamos en la mirada
sagaz del deseo,
ebrios de verdades
que pierden brillo,
una tras otra,
mientras la soledad filtra
su luz desamparada.
Y es ahí
cuando la piel nos duele,
y se nos agota,
entendiendo que el amor
sólo sabe de desvaríos,
de embrujos nocturnos,
de islas que son el Universo,
de lluvias mansas horadando
las mejillas,
del dolor dulce de la nostalgia
y la ternura,
de cuerpos hechos de jazmín y de amapolas,
y de dioses asesinos
que suelen acertarle al corazón,
cuando estamos distraídos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

destinado


Quiero que me mires a los ojos
hombre destinado a mis símbolos.
¡Enigma que no logro descifrar!
Yo que hoy soy la que está cantando,
seré mañana la misteriosa, la muerta,
el espejo de un mágico desierto,
afirmando la mística
porque si…
Estoy creyéndole
al infierno que predijo
éste errante laberinto .
Y si es así, quiero beber tu cristalino olvido,
como si fuera lluvia en Galilea.
Quiero que me mires a los ojos,
hombre destinado a mis símbolos,
y si aun decides partir,
quiero ser hábito del tiempo, la noche,
la purificación y el olvido,
para ser siempre,
a pesar de no haber sido.