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jueves, 22 de diciembre de 2011

¡Gracias... muchas gracias!


Gracias a todos por acompañarme en éste año tan duro emocionalmente. Han sido un bálsamo con sus palabras de cariño y de aliento. Les deseo lo mejor de todo corazón.
Un abrazo fuerte y un cariño gigante desde mi Ciudad de Buenos Aires.

sábado, 15 de octubre de 2011

ni tu boca ni la mia







El abismo ha brotado en mi mirada.
Los astros extinguieron
sus párpados azules.
El amor se ha vuelvo, de repente,
pájaro sin vuelo
playa  sin huellas
anhelo inmóvil
besos clausurados.
Las aguas de esmeralda
de la víspera
son, hoy, ciénaga y silencio.
La tarde ya no sabe de
cabalgatas hacia el poniente,
y la noche es una lengua
oscura naufragando
en la Estigia.
No ha querido Caronte,
ni siquiera, cruzar su barca
hacia ésta orilla,
porque hemos salido tan rápido
que olvidamos las monedas.
Hoy han volado los cuervos
sobre el mar encrespado.
Inédito suceso que marca
la novedad y la mentira.
Puedo decir que nos queda
el licor del llanto
sobre la blancura de los Salmos.
El lobo ha pronunciado
su último aullido, como puñal
quebrado al alba.
Y
estamos temblando
hechizados de adiós
y de tristeza…
boqueando, fuera del río
del encanto, sin los labios,
sin las manos,
sin liturgias entre sábanas
ni gusto a labios frutados.

Ya, ni tu boca
ni la mía
sabe volver del destierro.

lunes, 19 de septiembre de 2011

llorarás



Oh luz temporal, ambigua,
no te pedí que entraras
a mi vida. No te pedí,
tampoco, que tu rostro
decline, ahora, hacia el
duelo de los ocres,
porque  sí,
porque te asustas.
Una línea escrita,
ingenuamente,
trazó la ruta del encuentro,
quizá porque hacía
un frío silencioso,
y los recuerdos eran como un eco:
musgo en la boca,
hiedra en las manos.

Hoy giras en torno
al umbral de muchas voces;
lo sé. Siempre lo supe.
Mas jugué a ser dulce rehén
de probables emboscadas.

El valle de las nueces
y el cansancio
dejó de dar frutos comestibles.
Todo llega. Todo pasa.
Y hoy los dedos están hurgando
tus lúgubres vasijas,
sólo para entregar, cumplidas,
tus mismas profecías.

Nunca creíste, de verdad,
nunca creíste
en ese sueño recurrente,
pero me nombraste y llegué,
mujer, amor, puñal del alba,
trayendo ráfagas e insomnio,
pupilas de aire tras las puertas,
filo del sol,
perfil del viento…

E igual mentiste, varón,
que con sólo un desfiladero
de palabras, pretendías, incitar
al delirio los molinos.
Te advierto, hombre fatuo,
que el imán del viento sopló
ya en mi oído,
y con las lágrimas de ésta primavera,
te supe mendaz y más ajeno.

Trenza profana de la muerte,
vano timonel en barco fugitivo,
por unas horas fuiste un dios
sin entenderlo…





sábado, 27 de agosto de 2011

niña perdida





En soplo mortal, ésta noche,
los brujos y notarios
han exiliado al ángel de ternura
y bebido en el vértigo del averno,
donde la luz se abisma
y se recogen seres del frío.
En éste amanecer que no amanece,
con el invierno en la sangre,
su oración enciende
la antorcha de los crímenes,
para que su boca gris
despoje a la niña vestida de lujuria,
blasfemada la inocencia,
concediendo el espejo de lápidas
para matar a pálidas muñecas.

Han volado la arena de las playas,
han pulido las piedras de tus alas,
tu voz se ha poblado de ausencias,
y esa tristeza lila que se expande
cual anémica serpiente de la noche,
como ramera que se niega
a las palabras
te bautizó, con un grito,
en el templo del silencio,
porque éste mundo no entiende
de piedades
y alguien ha puesto precio
(tres monedas)
al puño dulce de tus besos
y al altar de tus sábanas quebradas.

lunes, 18 de julio de 2011

tristesse







Mi mano busca a ciegas la lámpara
que alumbra y que consuela…


Sí, quisiera saber,
ahora, en ésta nube
de silencios,
qué será de mi alma,
en su momento.
Si se entregará de a poquito,
sin que sufra, en tranquila
aquiescencia;
o dará un salto repentino
a la cima celeste,
o rodará, sin escalas posibles,
hacia el barro del infierno.
Sí, quisiera saber
con ojos de turista
si podrá elegir hospedaje,
el que mejor la albergue,
sin apuro,
con ángeles 
acompañando la primicia.
Si podrá elegir entre
las variables de un menú
sagrado y consagrado,
y ante un coro, ceñido al
repertorio que ella quiera,
encontrar un final armonioso:
en si bemol mayor,
sin fugas,
sin arpegios absurdos,
con franca resonancia
en acople de voces sopranos y tenores
para el último acorde.

Para acceder a ese saber
pudiera, tal vez, repartir estampitas
en los pasillos con humo
de incienso
o madrugar beatamente,
mirándole los ojos a algún dios, 
por un instante, fijamente.
Pero prefiero hacerlo,
escribiendo poemas como éste
que huele a jardín regado
por mamá
cuando atardece,
en un marzo, por ejemplo…

domingo, 5 de junio de 2011

con tu soledad




En las hojas del viento
se arrastra la alegría
de las últimas ferias.
La campana de pié
se deja escuchar como nunca…

Ibas trémula
con repique soñador
llorando, desfalleciendo.
Murmurabas sílabas de fuego
entre suspiro y temblor.
Ibas como destinada,
a encontrar el relámpago
en ese crepúsculo frío,
inclinada hacia el oleaje,
como bruma, como ajena…

Tu, que traías un sol
nacido en otro universo.
Tu, que copulabas con ángeles.
Tu, que como jardín regado
en mayo, conocías
el caos sublime de
palabras y poemas,
ibas ahora sin pluma y sin aura,
madrugando, con los ojos
muy abiertos y sin escalas posibles.
Yo te vi,
ibas como destinada
hacia la crespa rompiente
hacia el sur de tu duelo
hacia tu más puro silencio:
            inclinada
            pequeña
            lívida
            presagiando

otros te intuyeron altiva,
serena 
            aparente
            sublime

como sea, naufragaste
en la nostalgia y el designio.

Era la noche y tal vez
ese mar, como tu único dios,
en ese instante, no antes,
supo lo que es llorar. 



(para Alfonsina)

miércoles, 18 de mayo de 2011

mirando al sur


Mis palabras naufragaron
en la puerta clausurada
de sus ojos.
Entonces los míos fueron
espejos abiertos a la sal
del llanto.
Los espacios se diluyeron,
y aspiré el horror
de nombrarlos en silencio.
La innúmera arena
(tal decía Borges)
fue la imagen de una playa
irremediable.
Y partí,
a pesar de todo
partí…
Atravesando esa lluvia
de jacarandá
bajo la turbia mirada de
un sol, tan alto en su piedad,
y tan callado e invisible
en el sollozo,
hasta perder tu fulgor irreductible
en el horizonte;
tu peregrina lucidez,
tu vacilación,
y ese adiós tendido en la piel
como un brujo oscuro.

No es sencillo huir de ti
mi Buenos Aires.
La nostalgia anuda la garganta
de todos tus herederos,
y un tango se cuela entre las alas
dónde se funda tu
incompresible paraíso.

No es sencillo huir de ti
mi Buenos Aires,
ni de tu extravangante locura
que nos envenena
y nos enamora.
Dicen tus dioses que eres
la dósis de horror y de embrujo
que necesita todo mortal
para sentirse vivo.
A decir verdad, no lo sé,
o acaso no termino de creerlo.
Mas somos dulces rehenes
del rubor de tu arcoiris, cuando
el rocío, que te torna tan
verde, se vuelve monje de humo.

Pero por sobre todo
eres las formas del amor
arrinconado
más allá de la rompiente azul 
que encierra todas las melancolías
de los que te estamos destinados.