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jueves, 9 de febrero de 2012

todas las voces





El día ha abdicado.
Entre nubes y viento, la luz
aun se debate.
En el jardín hay un anochecer
entre verdes y oros,
las nubes se han vuelto carmesí,
fucsia, ciclamen…
El mar se distancia.
Los pájaros pasan, vibrando,
ante la despedida del sol,
abriendo otras fronteras.
Si la soledad ensuciara
no habría forma de lavarla.
Esta puesta no se previó 
para la compañía.
Nunca nadie, delante de ella,
ha tomado la mano de alguien,
en un atardecer o en una noche
fría y clara, de luna llena.
Los membrillos aun están en flor,
los naranjos ya no compiten con ellos.
Los de mis espaldas trepan
la sierra muda y alta.
Los de delante se esparcen
sobre las débiles olas,
y deslumbran de riqueza,
rozados por el moribundo día.
Sobre la mesa una jarra  con alelíes,
lirios, y verbenas, y el aroma
lúcido del clavo de olor y del romero.
Por las ventanas entran también,
a oleadas,
más aromas del jardín,
morados todos,
pero de tantos matices.
La noche se esparce morena y dulce,
sobre las zarzas y las granadillas
Frente a la tarde larga,
el alma es la memoria.
Qué confuso es el aire del ayer.
Qué desolador y cómo pesa.
Busco un recuerdo para deshacerme
de el, pero no encuentro.
Nada ha cambiado,
pero el amor no está,
y no está el hombre.
Ya no hay pan,
ni vino,
ni hambre.
Y como siempre, todo
el amor lleva
la carga de las ánimas
que suben en la hora más azul
por la cuesta escarpada
de las madrugadas.



jueves, 22 de diciembre de 2011

¡Gracias... muchas gracias!


Gracias a todos por acompañarme en éste año tan duro emocionalmente. Han sido un bálsamo con sus palabras de cariño y de aliento. Les deseo lo mejor de todo corazón.
Un abrazo fuerte y un cariño gigante desde mi Ciudad de Buenos Aires.

sábado, 15 de octubre de 2011

ni tu boca ni la mia







El abismo ha brotado en mi mirada.
Los astros extinguieron
sus párpados azules.
El amor se ha vuelvo, de repente,
pájaro sin vuelo
playa  sin huellas
anhelo inmóvil
besos clausurados.
Las aguas de esmeralda
de la víspera
son, hoy, ciénaga y silencio.
La tarde ya no sabe de
cabalgatas hacia el poniente,
y la noche es una lengua
oscura naufragando
en la Estigia.
No ha querido Caronte,
ni siquiera, cruzar su barca
hacia ésta orilla,
porque hemos salido tan rápido
que olvidamos las monedas.
Hoy han volado los cuervos
sobre el mar encrespado.
Inédito suceso que marca
la novedad y la mentira.
Puedo decir que nos queda
el licor del llanto
sobre la blancura de los Salmos.
El lobo ha pronunciado
su último aullido, como puñal
quebrado al alba.
Y
estamos temblando
hechizados de adiós
y de tristeza…
boqueando, fuera del río
del encanto, sin los labios,
sin las manos,
sin liturgias entre sábanas
ni gusto a labios frutados.

Ya, ni tu boca
ni la mía
sabe volver del destierro.

lunes, 19 de septiembre de 2011

llorarás



Oh luz temporal, ambigua,
no te pedí que entraras
a mi vida. No te pedí,
tampoco, que tu rostro
decline, ahora, hacia el
duelo de los ocres,
porque  sí,
porque te asustas.
Una línea escrita,
ingenuamente,
trazó la ruta del encuentro,
quizá porque hacía
un frío silencioso,
y los recuerdos eran como un eco:
musgo en la boca,
hiedra en las manos.

Hoy giras en torno
al umbral de muchas voces;
lo sé. Siempre lo supe.
Mas jugué a ser dulce rehén
de probables emboscadas.

El valle de las nueces
y el cansancio
dejó de dar frutos comestibles.
Todo llega. Todo pasa.
Y hoy los dedos están hurgando
tus lúgubres vasijas,
sólo para entregar, cumplidas,
tus mismas profecías.

Nunca creíste, de verdad,
nunca creíste
en ese sueño recurrente,
pero me nombraste y llegué,
mujer, amor, puñal del alba,
trayendo ráfagas e insomnio,
pupilas de aire tras las puertas,
filo del sol,
perfil del viento…

E igual mentiste, varón,
que con sólo un desfiladero
de palabras, pretendías, incitar
al delirio los molinos.
Te advierto, hombre fatuo,
que el imán del viento sopló
ya en mi oído,
y con las lágrimas de ésta primavera,
te supe mendaz y más ajeno.

Trenza profana de la muerte,
vano timonel en barco fugitivo,
por unas horas fuiste un dios
sin entenderlo…





sábado, 27 de agosto de 2011

niña perdida





En soplo mortal, ésta noche,
los brujos y notarios
han exiliado al ángel de ternura
y bebido en el vértigo del averno,
donde la luz se abisma
y se recogen seres del frío.
En éste amanecer que no amanece,
con el invierno en la sangre,
su oración enciende
la antorcha de los crímenes,
para que su boca gris
despoje a la niña vestida de lujuria,
blasfemada la inocencia,
concediendo el espejo de lápidas
para matar a pálidas muñecas.

Han volado la arena de las playas,
han pulido las piedras de tus alas,
tu voz se ha poblado de ausencias,
y esa tristeza lila que se expande
cual anémica serpiente de la noche,
como ramera que se niega
a las palabras
te bautizó, con un grito,
en el templo del silencio,
porque éste mundo no entiende
de piedades
y alguien ha puesto precio
(tres monedas)
al puño dulce de tus besos
y al altar de tus sábanas quebradas.

lunes, 18 de julio de 2011

tristesse







Mi mano busca a ciegas la lámpara
que alumbra y que consuela…


Sí, quisiera saber,
ahora, en ésta nube
de silencios,
qué será de mi alma,
en su momento.
Si se entregará de a poquito,
sin que sufra, en tranquila
aquiescencia;
o dará un salto repentino
a la cima celeste,
o rodará, sin escalas posibles,
hacia el barro del infierno.
Sí, quisiera saber
con ojos de turista
si podrá elegir hospedaje,
el que mejor la albergue,
sin apuro,
con ángeles 
acompañando la primicia.
Si podrá elegir entre
las variables de un menú
sagrado y consagrado,
y ante un coro, ceñido al
repertorio que ella quiera,
encontrar un final armonioso:
en si bemol mayor,
sin fugas,
sin arpegios absurdos,
con franca resonancia
en acople de voces sopranos y tenores
para el último acorde.

Para acceder a ese saber
pudiera, tal vez, repartir estampitas
en los pasillos con humo
de incienso
o madrugar beatamente,
mirándole los ojos a algún dios, 
por un instante, fijamente.
Pero prefiero hacerlo,
escribiendo poemas como éste
que huele a jardín regado
por mamá
cuando atardece,
en un marzo, por ejemplo…