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sábado, 23 de febrero de 2013

cuartos privados






Suena el viejo blues de la nostalgia, se quiebra otra partitura, como si el amor tan sólo fuera un contrato de noticias, como si canjeásemos unos desamparos por otros. O como si acaso fuera el corazón, un lugar pagado por unas horas, donde los mundos se hacen semejantes tan sólo porque los iguala la mediación de una fina pared, y el sonido de voces vecinas. Paredes que guardan confidencias, vidas transeúntes, nómadas, que por un instante recorren los pasillos de tu alma, y caminan el mosaico de un tiempo feliz. Cíclico y tan efímero que basta retirar las sábanas y las toallas que se impregnaron de ti para citar al olvido y para que el lugar vuelva a ser distante e impersonal. Lugares protectores, intensos, tan sólo en el momento en que alguien los habita, interpretándolos como ésos cometas que son. Banquetes de recuerdos a los que no acudes tú, olvidos reformados. Porque eso es lo que tienen las historias que no se acaban solas, que se exaltan, que se engrandecen y espesan llenas de supuestos y se tornan tal vez mas bellas por lo que no fueron. Paredes huecas... Huecas paredes… que cantan, que bailan. Que cantan… que gritan… y muchas, muchas veces lloran:

“Que empiece la burla de la monogamia para ser polígamos en serie, que las putas sean princesas y las princesas putas de monarcas ciegos, que más da, entre todos los naipes siempre hay una reina de corazones.”


©® Susana Inés Nicolini
(Todos los Derechos Reservados)

domingo, 3 de febrero de 2013

la






la nunca

la nadie

la dudosa

zozobra de arena
en la tormenta
calladamente
hojarasca que arde
en fuegos ajenos
abiertos hacia adentro
nómades en sueños

la muda
la negada

nos tiene
despiertos a deshoras
la jamás
con los ojos blancos
por la espera
y los labios desiertos

la nunca
la nadie

la jamás

la amada

©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)
(Pintura: John Atkinson Grimshaw)

domingo, 20 de enero de 2013

agosto




Uno comienza a escribir
por la noche
para no morir:
un café, un cigarrillo
y esa paciencia de absoluto
que no se puede ejecutar.
Tal vez haya sido la música
el benefactor de la tarde
el silencio, no obstante,
se ufana en la piel.
A esa hora la vida es un hábito
y uno se da cuenta
que puede morir como cualquiera
que dejó la vida a medio hacer
creyéndola inagotable.
Qué oscura es la ciudad
cuando amanece
cuando laten las sienes
porque sabemos.
La pasión es algo distante
demasiado ajeno
demasiado falible,
sin embargo recordamos los días
en que le creímos
en que la vimos
cruzar la oscuridad
y enamorarnos.
Y uno vuelve a escribir
por la mañana
-costumbre pausada-
y otra vez nos queda
la escritura y el silencio:
ese grito constante
que a nadie le importa.
Victoria feroz de la experiencia.

A todos nos alcanzan
las flechas de algún dios.



©® y RNPI. Susana Inés Nicolini
(Todos los Derechos Reservados)


miércoles, 16 de enero de 2013

verbo y sustantivo...




Toda la luz necesaria
estaba en esa parte
entre vos y yo
como mía y tuya
de alguno o de los dos.
No hacía falta
una mañana prematura
ni una noche feroz
ni encerrarnos los pasos
como si el mundo, cardinalmente,
fuera una cama
sin sentido, por capricho,
volcando los trapos en la tierra
debiendo morderse los ojos
y las bocas y derramarse
por la meseta fría
el verbo, el sustantivo,
con tanta sangre herida.
No hacía falta llenarse los tobillos
de mentiras, de alegatos,
de yuyo y de cenizas.
¡Que estupidez! Piedra y
piedra, dispuestas, desde ahora
a parar el paso, a no dar lugar
en ese lenguaje del decir
que pide flores, y las pide de pie
porque nuestro cielo no era
parcelado
conveniente
predecible
incluso, creí, era probable.
Pero hay tormentas inmediatas
bufonas, inútiles
que se nos caen encima
que espantan las luciérnagas
que traban las lenguas y las vocales
por no decir, por no esperar.
Por no entender la dulce posibilidad
de lo distinto
de ese desnivel…
Entonces el camino se vuelve otro
y nos derrota la simpleza
con su paso rítmico, en silencio,
usando aquellas cicatrices…
y la memoria de lo dicho, traiciona,
y las mañanas vuelven a ser
ese torpe y repetido infierno personal.




©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)

viernes, 23 de noviembre de 2012

de: "Pócimas y otras intensidades"





(...)"En aquellos días no se sabía que aquel Brujo debía esperar más tiempo para enamorarse. Y que sólo lo haría cuando una mujer desmedida y confusa, sin nombre y sin aldea, apareciera en las noches de los confines, desapareciera en los amaneceres.
Hoy es una noche de esas, con esa Luna niña…con esa Luna grande… con cientos de flores de jacarandaes que regaron las veredas, con jazmines que ondulan en el aire. Con esa música tenue, ese saxo, esa guitarra y la memoria que canta.
Hoy, ese Brujo lobo, ese Mago hombre…ha de venir a buscarme, porque sabe que en los confines, una mujer desmedida, en la madrugada…con la madrugada…desaparecerá hechizándolo"(...)



©® y RNPI Susana Inés Nicolini
(de: “Pócimas y otras Intensidades”)

Todos los Derechos Reservados

lunes, 12 de noviembre de 2012

nacido




Allá,
soy aun estremecido,
aquel que fuera, límite
indeciso de azar e intemperie.
Infinito
diminuto
estremecido
ajeno y visitante.
Ojos lívidos
por el ahogo
y también
la destrozada mano
del mendigo.

©® y RNPI de Susana Inés Nicolini
(todos los derechos reservados)

viernes, 26 de octubre de 2012

sentidos






El ardido negro, dentro el Sol quemaba. Muertos mis ojos, una cruel ciénaga se reflejaba debajo de mis pies.
Sentía como me deslizaba en un terreno tumefacto con siniestra simpleza.
La idea de pronunciar una sola palabra me heló. Quizá no debía esperar transmitir ninguna sensación, más que la repugnancia del silencio absoluto de esa estéril inmensidad: la mente humana.
La completa uniformidad de
l paisaje: nada alcanzaba a oírse, nada se veía, salvo una vasta extensión de terror nauseabundo.
¿Me encontraría en el borde del mundo?
Decidí dormir poco esa noche, dispuesto a internarme en el fondo de lo onírico.
La joroba de la luna resultó estar mucho más cerca de mí que lo esperado. Su contacto helado me despertó. Ese sudor frío de siempre me acometió nuevamente. Mis imprudentes ruinas, guiadas por el caos inconsciente, me relevaron de una nueva tumba.
Entré en terror mezclando recuerdos de mi paraíso perdido y el pasaje tenebroso hasta la vida. Luego la luz y el grito.
A partir de ese momento, regiones confusas de memoria y visiones recortaron mis minutos, uno a uno. Ahora volaba sobre la punta del risco, o al menos trataba, nuevamente, de desplegar mis alas.
¿Quien era yo?
Una voz profunda y vigorosa se abatía sobre mis recuerdos, expulsándome de aquella tierra intuida.
¿Quien era yo?

Súbitamente, del centro del paisaje, surgió una cara de enormes proporciones. Una cara perfectamente tallada con marcas desconocidos.
Ya casi terminamos, escuché decir, antes de que mi brotara un sonido inusual; potente señal acústica que aturde… aturde y acobarda como una odisea, como un aborto.

©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)