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lunes, 10 de septiembre de 2012

"2012"


Va
sobretodo en vuelo
con la arrogancia del que anhela
sucio de tardes y lunas
encendido de cegueras
infinito de luces
al hechizo de la noche
llenos sus bolsillos de cenizas
inflamado de pasiones

anda
maniático y silente
turbando aves y arpilleras
saludando callejones con sombrero,
trazando fronteras de papel
y de maderas…

sigue
hambriento y exaltado
con la espalda en cruz
desorientado
insepulto e inhóspito
hacia la ronda
del último suicidio.
Llega…


©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)

sábado, 25 de agosto de 2012

sólo por ésta noche





Igual que quien visita por segunda vez
la escena del crimen
así pasea la imaginación
por el ángulo sobreviviente de las mesas.

Con discreción se buscan rastros
como si de verdad hubiera acontecido
algún crimen.
Todo está en orden, se dice,
aunque éste es el lugar donde la espera se comete
ferozmente fiel a un cigarrillo.

Pero la muerte no está en éste lugar de tazas
ni en ésta aldea de sillas iguales y anónimas,
ni es ésta tropa de caras como de otro planeta
porque no fueron testigos.
Lo que se bebe es el silencio ocupando un
espacio demasiado amplio,
y ése sí es el lugar donde la encuentras.

Van transformándose esos rostros de
desdichas ignoradas
hasta alcanzar el cargo de verdugos.
Se medita en silencio: ¿es amor o es miedo?
Entonces emerge lentamente dividiendo el crepúsculo
la estampa temible de un espectro.
Atemoriza oírlo,
la voz peleada con la vida:

-recuerdas tu reputación de reina solitaria,
y sin embargo, de tu Lancelot, que ya duerme
lejano, nadie, ni tú, valuó
 el amor que amortajó su cuerpo-

Siniestro el velo de vocablos que se aquieta,
helado, cuando el diálogo culmina.

Trona limpia la fila de tazas en la barra,
se invierten sillas y la gente acarrea
los aromas de las voces.

La ilusión se demora sobre las huellas
de los pasos; de un ser real sólo
queda la niebla de alguien que no estuvo
en ésta silla vacía,
y que se ha fugado del espanto,
al menos
sólo por ésta noche.


©® Susana Inés Nicolini
Todos los derechos reservados

viernes, 24 de agosto de 2012

ahora


Hermano Corazón ¿qué debo hacer ahora? A un costado de mi alma brilla la piedra de jade, la voz de las adulaciones, muertos los pájaros del cielo abierto, de los veranos... de los inviernos. Llena la experiencia de lunas y de soles. De palabras que ya no suenan como antes y que nunca volverán a sonar igual. Sin embargo los sueños aun están en la colmena. Y son gatos, y son lobos, y son águilas...
Hermano Corazón ¿qué debo hacer ahora? Ahora que dejé de entender lo que es amar.

©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)




lunes, 13 de agosto de 2012

duda





"No existe una duda peor que la que se siente cuando todos los demás coinciden en una certeza; porque es una duda que empuja hacia la soledad"

©® Susana Inés Nicolini

sábado, 4 de agosto de 2012

Cante

Foto: Stamatis GR

Saladamente caen las horas
espiraladas, tristes y bruscas,
en obituarios cotidianos,
cuando los nocturnos clavos
del recuerdo miran atrás
para saberte,
hueca angustia del verbo
sentir,
porque están yéndote

y yo aun no llego.



©® Susana Inés Nicolini 


Nota: éste pequeño poema fue realizado durante un intercambio, entre escritores, en mi Facebook, casi en un juego, y  no se sabe bien cómo "desapareció". Por supuesto están hechos todos los registros de propiedad intelectual que marca la Ley, y además, con ésta publicación dejo testimonio de ello.

miércoles, 18 de julio de 2012

gestación






Escribo un poema,
diseño un útero paradojal
de simiente y palabra.

Escribo un poema,
y en ese inmaterial simulacro
doy vida perdurable.

Escribo un poema,
y viajo en ese torrente celular
de la voz, entre existencia
y muerte.

Escribo un poema.
Metáfora de hueco tibio:
una matriz,
y adquiero una nueva certeza.

Escribo un poema.
Un templado ser
que a ratos desconozco.
Una forma nueva, impiadosa, de mi yo.

Escribo un poema.
Metamorfosis de lo infinito...
y en el subsisto
unigénita.



©® Susana Inés Nicolini
(Todos los derechos reservados)

lunes, 7 de mayo de 2012

verte





Alguna vez soñamos
la pálida lluvia de pétalos
que inunda,
la frente pensativa de la luna
cuando los amantes
se recuerdan.
Reflejos multicolores
que increpaban, cómplices,
a tus pupilas:
misteriosos
cristales de septiembre.
Era el tiempo de la juventud,
cuando tu presencia
fue tan necesaria
como la algarabía de las tardes;
tan vanidosa como tu escote
afrentando transeúntes
conocedora de artes
y de ofrendas,
y tan eficiente enardeciendo
mi cuerpo tenso:
triunfo indudable de los
engranajes de la sangre.
Y quise encontrarte al borde
de mi mismo, como un pájaro
altivo, sin conformarme
a las ofertas del sueño…
y fue una vez
y fue una noche
rectangular y violeta, que previó
el atardecer de tu cuarto a solas.
Era el tiempo de la juventud,
corazón de naipes,
cortos latidos de amores errantes.

Luego el prisma de las voces austeras,
de las lágrimas dulces,
de las obvias quejas lánguidas
e inquietantes esperas…
y más atardeceres
y más noches
pero vacías, ebrias de nostalgias,
muertas de piedad y callejeras.

Hoy te vi, infinitamente te vi,
sobre la estepa gris
de la calle Suipacha,
como estatua hecha de carne de jazmín
cubierta de cielo tu piel ligera.
Con la avidez de un arqueólogo
busqué la almendra pálida
de tus ojos
pero no hubo tiempo,
o tal vez hubo demasiado.

Cien caballos de fuego
desorientados, galoparon
mis entrañas,
anudaron mis voces
callándome…

Era el tiempo de la juventud
¡Aquel!
Y ahora,
es el tiempo del silencio…


©® y RNPI deSusana Inés Nicolini

 (Imagen de Anna Morosini)