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miércoles, 9 de marzo de 2011

un pájaro


Cayó en cascadas el amor
respirando poemas.
Ardió en un patio prohibido
rodeado de lajas taciturnas.
Voló las arenas de playas,
dónde brujos y notarios
construían palacios o celdas
con las mismas palmas pulidas.
Se exilió, por algún tiempo, en
Infiernos con sellos de bautista.
Merodeó los ojos de ese rostro
iluminándolo con intermitencia,
y él también creyó que era luz.
Se acunó en las pestañas anochecidas
de la joven que lo soñaba.
Enhebró pupilas negras como pozos
para rezar cientos de rosarios.
Bebió hasta saciarse, enloquecido,
en el vórtice de la última inocencia.
Con el soplo festivo de su risa
araño el tesoro de un corazón
y prometió eternidad.
Pero no bastó…
De todos modos el ángel gris
lo hizo añicos.
Y aulló  en el amanecer
             en el crepúsculo
             en la noche
atravesado por las espadas
del hábito.
Y comenzó a correr por la tierra
esquivando las piedras,
los lobos,
los mendigos,
el tedio,
la tristeza,
la obsesión
y la muerte.

Acaso el amor sea un pájaro,
o en las lindes de la felicidad
se vuelva pájaro incierto,
acorralado,
que un día…
un buen día…
decide convertirse
en la inmutable arena del silencio
entre cigarrillos y cenizas. 

jueves, 17 de febrero de 2011

otro cisne





Sobre el oscuro banco de almendro,
donde alguna vez
juraron dos amantes
ha muerto un hombre,
herido de amor y de miseria.
Desde el blanco y el negro
de las letras
cuentan que sus sueños
se escaparon
en imposible visión
como un pájaro lento.

Un desconocido más
que huele a restos de incienso
y a un blasfemo amén
que no cumplió
su redentora promesa.
Uno más que no tuvo
dónde asirse
expulsado de las nupcias
con el cielo.
Uno más,
con las venas secas,
y pálidas
yéndose
hacia la sutil
fragancia del abismo.

Estéril salario de los mártires,
que corren por túneles
sembrados de garras
invisibles,
sin ropa y sin aura,
que nacieron sin beatitud
ni condescendencia;
porque hasta los dioses
necesitan
desatar sus vientos,
mintiéndonos.

domingo, 6 de febrero de 2011

ese anciano


En cada uno de sus días
hay un hueco,
una trampa que oscurece
al sol.
Un café negro de gaviotas,
un cielo fugitivo.
En el fondo lejano
ha visto los cristales
de octubre
con su trémula realidad,
y el salto de los ases
de luna
sin luna
herrumbrando los pasos del misterio
sin temerle al delirio
ni a la muerte.
Ya no se emociona con el llanto
ni goza con el amor
ni huele ese aire dulzón
de las primaveras.
Su piel transparenta,
algunos músculos
y las venas no están tensas.
Ya no le hiere el día
con ostentosos gestos
ni su voz miente rebeldías.
Casi nadie lo ve,
sólo los entrenados.
La mortaja se preludia
entre salmos siseados.
No lo sorprende, ya,
el espanto del desamparo.
Enhebra sus horas con palabras
y silencios
con idéntica puntada.
El hastío es un amigo cercano,
casi íntimo.
Su futuro es un huérfano pálido
que solloza inaudible.
Y mira sin más luz…

Y se promete que mañana,
mañana mismo,
abrirá la puerta de su cuarto
para irse caminando
por ese parque tan verde
tan azul
tan blanco,
que tantas veces ha soñado.

martes, 14 de diciembre de 2010

dolor dulce


Nos hemos amado, nos hemos herido,
es el escalofrío de los amores
ardientes,
cargando la hora de las mieles,
que son encendidas saetas  
cuando llega el tiempo de las hieles.
Es tan alta la mirada
de la piedad,
cuando el sol arde en los
ojos
encegueciéndonos,
que no necesito a otro
que no sea mi amor
para arriesgarte, sumergido
en la potestad de la razón;
destino obstinado que persigue
la claridad ajena
para convertirla en trampa,
dónde no se vacila.
Luego sobreviene el silencio
atronador,
sobre el que se funda
la tristeza.
Nos refugiamos en la mirada
sagaz del deseo,
ebrios de verdades
que pierden brillo,
una tras otra,
mientras la soledad filtra
su luz desamparada.
Y es ahí
cuando la piel nos duele,
y se nos agota,
entendiendo que el amor
sólo sabe de desvaríos,
de embrujos nocturnos,
de islas que son el Universo,
de lluvias mansas horadando
las mejillas,
del dolor dulce de la nostalgia
y la ternura,
de cuerpos hechos de jazmín y de amapolas,
y de dioses asesinos
que suelen acertarle al corazón,
cuando estamos distraídos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

destinado


Quiero que me mires a los ojos
hombre destinado a mis símbolos.
¡Enigma que no logro descifrar!
Yo que hoy soy la que está cantando,
seré mañana la misteriosa, la muerta,
el espejo de un mágico desierto,
afirmando la mística
porque si…
Estoy creyéndole
al infierno que predijo
éste errante laberinto .
Y si es así, quiero beber tu cristalino olvido,
como si fuera lluvia en Galilea.
Quiero que me mires a los ojos,
hombre destinado a mis símbolos,
y si aun decides partir,
quiero ser hábito del tiempo, la noche,
la purificación y el olvido,
para ser siempre,
a pesar de no haber sido.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

oración

Con finos ungüentos
resguarda su tersura
la noche
por si tus pies, Yibril*,
quisieran
danzar conmigo
ésta última piedad
antes que me lapiden
los ciegos; los jueces
canallas de palabras
y trágicos de actos,
como si el secreto
de mis días
hubiera de revelárseles
consumiendo en el fuego
la última sombra de cordura.
Sin saber que arropada
en ésa áspera incertidumbre
está la muerte,
que no acierta a saber
si su voz ronca
en ésta hora
es  de regreso
o de despedida.






(* Arcángel mencionado en El Corán)

martes, 9 de noviembre de 2010

la hora

Es cierto
somos pobres
y estamos en vela
sin tener mucho
que hacer.
Es la hora exacta
en que se oye
a los que tienen dolor,
mientras los demás duermen,
o hacen que duermen
y que no oyen
a la vieja de al lado
que está sola
con las manos cruzadas
sobre la sábana ajada
con la bata subida
de tanto tironear la vida
que se le acaba de escapar.
Debe haber alguien en
la calle de niebla,
alguien que haya oído
la súplica, y el correr
de la sangre,
alguien que me diga
qué hago con éste torrente
en las manos,
con éstas cuchillas
perladas  y salvajes,
alguien
en la plaza caliente
en el pueblo injusto,
de la vieja
que sueña
para siempre
sola
mientras blasfemo.